¿El tabaco o el café aumentan la ansiedad?

Eso es un mito, pues lo que hacen es provocar el nerviosismo propio de todo estimulante; lo ansioso es pura interpretación personal.

No, en realidad ni el tabaco ni el café tienen componentes que, por sí mismos, conduzcan hacia el disparo ansioso, aunque sí hacia la estimulación nerviosa suficiente para entrar en la duda; aquí subyace el mito y la mala interpretación que a menudo se realiza en este sentido. La activación a que la cafeína o la nicotina, entre otras sustancias estimulantes, someten a la persona desemboca en reacciones como, por ejemplo, el aumento de la tasa respiratoria, la aceleración del ritmo cardíaco, sudoración, temblor, un incremento significativo de la movilidad y una percepción generalizada de inquietud, por citar las reacciones más comunes. Todo esto sin olvidar que se trata de lo que podríamos denominar un cuadro químicamente reactivo, sin un origen psíquico; estar excitado por los estimulantes no supone, en definitiva, una existencia previa de pensamientos y sentimientos agitados, sino que, en todo caso, son posteriores a la ingesta de esas sustancias.

El error más habitual se da precisamente aquí, pues en realidad la provocación química no tiene necesidad de ningún paralelismo cognitivo, así que la agitación a la que se llegue es, en el fondo, consecuencia de una sesgada interpretación en la evaluación de los síntomas (naturales). En este sentido, ha podido crearse una especie de mito social acerca de la excitación que provocan estas sustancias estimulantes.

Debe quedar claro, no obstante, que nos estamos refiriendo aquí únicamente a los estimulantes no psicotrópicos, no siendo el caso de los derivados del cannabis, que además de provocar un amplio abanico psicosomático, contienen también elementos que provocan la alteración del curso del pensamiento y, en consecuencia, influyen modificando de forma sustancial la percepción de la realidad y el «sentido del yo». En el ámbito de la consulta psicológica, son precisamente estas duras alteraciones las que determinan importantes y duraderas crisis de ansiedad y de pánico que pueden conducir a la creencia de la existencia de (falsos) estados psicóticos. Es evidente que tanto el café como el té, el tabaco o el chocolate, no pueden clasificarse como pertenecientes a este grupo de estimulantes que producen alteraciones psíquicas.

En el plano psicoterapéutico, la distinción entre la conducta reactiva nerviosa o excitada y la ansiosa es uno de los ítems y/o ejercicios más curiosos que hay que trabajar. La persona, a un determinado y avanzado nivel de tratamiento, llega a encontrarse en condiciones de poder diferenciar los dos estados apuntados y, en definitiva, de «desarrollar» las reacciones pertinentes y las cogniciones realistas propias. Después de tomar un café, por ejemplo, suele ser un buen ejercicio, dentro del tratamiento, que el sujeto establezca los mecanismos mentales de equilibrio eficaces que le permitan tolerar su estado de agitación puntual, sin que interprete que determinadas reacciones fisiológicas le puedan conducir hacia la espiral ansiosa. En definitiva, no se le está proponiendo otra cosa que un entrenamiento real en la tolerancia de la excitación propia de la cafeína, sin otras interpretaciones. De hecho, la analogía de los síntomas descritos anteriormente en lo que respecta al café, con los propios de la ansiedad, conducen a la persona a creer que se halla ante un nuevo y temido bucle de agitación. En realidad, los estimulantes y la ansiedad comparten muchas sensaciones psicosomáticas, pero en absoluto contenido cognitivo-emocional alguno, por lo que es preciso colocar cada cosa en su sitio y permitir la desmitificación de estas situaciones, lo que deparará en la persona, sin ningún género de dudas, la visión motivadora y aperturista de un hito conquistado en ese deseado camino que conduce hacia la libertad personal.

Lucia Masajia

Un equipo de profesionales de la salud a tu servicio