En la agorafobia, ¿por qué crece la ansiedad cuando me alejo de lo conocido o familiar?

Porque me siento desprotegido si me separo de lo que conozco o de lo que me resulta familiar. Siento que lo que es extraño me amenaza.

La agorafobia es una variante de la manifestación ansiosa que, en realidad, determina una forma errónea de situarse ante la vida, de analizar los hechos y de tomar decisiones; por lo general se caracteriza por una sensación de mucho miedo y de hiperprotección, y se manifiesta en la dificultad de permanecer en lugares que no resultan conocidos o familiares. La agorafobia es una especie de configuración «psicogeográfica» en la que la carga afectiva del espacio se transforma en amparo o, por el contrario, en algo agresivo. Es algo así como si la persona construyera un marco íntimo en el que valora o rechaza los lugares (muchas veces situaciones) sobre la base de una percepción inconsciente de temor o de serenidad.

Una vez superada la caducada concepción de ansiedad inherente a los espacios abiertos, un sentido poco real y estrictamente etimológico, entendemos por agorafobia la ansiedad que está centrada en el miedo al alejamiento de lo que resulta familiar y, por tanto, protector; en este sentido se trata de una especie de «patología de la distancia» o de «patología del escenario», un hecho distorsionado que lleva a percibir que alejarse es desprotegerse o que sólo es posible tener serenidad cuando se está en un lugar conocido, siempre en la línea de que todo cuanto es conocido es protector y, por tanto, está «fuera de peligro».

Esta idea nos lleva a entender que existen espacios individuales o personales en los que la desprotección/ansiedad pierde fuerza; es decir, en la mente límbica es posible albergar interpretaciones no catastrofistas o lecturas neutras de la realidad, aun en medio de un océano ansioso. Es lo que he venido a denominar «santuario personal» que, como se ha comentado, consiste en un espacio que en mayor o menor grado la persona agorafóbica se ha diseñado como punto de referencia existencial libre de peligros y, en consecuencia, sin necesidades especiales de autoprotección. En este sentido, suelen ser santuarios la propia habitación, el piso, la calle, el barrio, la ciudad, el país, etc., siempre con la posibilidad de crecer o de disminuir (la agorafobia siempre es móvil) o de cambiar de forma (la agorafobia siempre es reinterpretable). La persona afectada por este problema ve o siente su vida completamente limitada, no sólo por la imposibilidad de moverse en libertad por el espacio, sino por la efervescencia constante de pensamientos o sentimientos negativos vinculados a dicha movilidad que, de forma continua, se encuentran ocupando el campo cognitivo.

Curiosamente, el concepto de santuario personal no sólo hace referencia al espacio físico que calma o reequilibra, sino también a determinadas «personas balsámicas», a las que se otorga plena confianza y, sobre todo, seguridad y protección para uno mismo; así, el otro miembro de la pareja, el padre o la madre, los hermanos/as, determinados amigos/as, etc., algunas mascotas o incluso el hecho de llevar en el bolsillo el teléfono, un amuleto, la foto de alguien o un ansiolítico concreto (a pesar de que nunca llegue a tomarse) son ejemplos de «santuario psicológico» antiagorafóbico con los que la persona rompe la barrera del espacio familiarizado y se da permiso para penetrar en lo que «desconoce».

Lucia Masajia

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