¿Por qué siento ansiedad cuando estoy con/entre la gente?

Cada caso es singular, pero por lo general surge la ansiedad porque dudo de mí mismo o porque me siento inferior ante los demás.

Debería diferenciarse claramente, aunque en la práctica esto resulte muy difícil, entre lo que podría entenderse como rechazo a la gente debido a un carácter de introversión extrema (gran timidez) y lo que sería una aversión a estar con los demás como consecuencia de una sensación de atrapamiento no caracterial (es decir, con independencia de si se es introvertido o no). Teniendo en cuenta esto, las cosas, en el plano terapéutico, cambian considerablemente; así, en el primer caso, se debería tratar de considerar que los demás no son elementos molestos o perturbadores, sino, por el contrario, necesarios, complementarios y motivadores. En el segundo caso, nos veríamos abocados a interpretar la presencia de los demás como elementos anónimos, indiferentes respecto a uno mismo y, por supuesto, sin considerarlos enemigos. En todo caso, las características de este hecho nos indican la existencia común de un sentido patológico de la vergüenza y, probablemente también, de la sensación de ser constantemente observados, evaluados y, fatídicamente, suspendidos.

La sensación de ansiedad que se tiene al encontrarse mal entre la gente se debe a una transformación cognitiva de la situación social, que pasa de ser anónima en esencia, a incluir sentimientos o pensamientos de estar atrapado en el sentido de ser juzgado y, normalmente, suspendido como persona (esto es, existencialmente), lo que viene acompañado de una sensación profunda e irresistible (muy turbadora) de invalidez e inferioridad. Suele suceder que el concepto que se atribuye a «los demás» se cambia de forma contundente y duradera por el de «los demás contra mí». Este sentimiento de inferioridad e infravalorización crece con facilidad y suele dar lugar al establecimiento de la idea de «ser excluido», indeseado y «señalado» socialmente; los otros no sólo valoran y juzgan de manera constante, sino que suspenden siempre a la persona y la descalifican incluso para formar parte de la comunidad y/o para vivir. Como se puede comprobar, se da el paso cognitivo de entender a los otros como personas que tienen como objetivo atentar contra «mi propia estabilidad», mi validez o contra «mi propia existencia». Esta concepción, profundamente arraigada, se aleja de forma aberrante del sentido habitual de indiferencia, neutralidad e intranscendencia que preside, en el plano de la normalidad y la objetividad, las relaciones sociales que tienen lugar en el día a día. El sufrimiento se hace más intenso aquí cuando, incluso mucho antes de exponerse a la presencia de los demás, uno ya anticipa el dolor situacional al imaginar las consecuencias de rechazo que se van a generar «con toda seguridad» hacia uno mismo, por lo que no sólo se reacciona de manera protectora y ansiosa, sino con una anticipación aumentada por la fantasmagórica percepción de los posibles imprevistos que puedan llegar a surgir y que, desde luego, van a ser desestabilizadores.

Ante el rechazo ansioso que se realiza hacia los demás, la persona se suele quedar atrapada de manera existencial en la inexorable percepción de que todos los días y a cada momento existen contactos y relaciones interpersonales que deberá asumir o superar; es decir, no va a poder escapar a esos espacios concretos sobre los que se tiene desplegado desajustadamente un intenso miedo, así como una hiperprotección permanente, lo que limita sobremanera el curso normalizado del pensamiento y cercena el ejercicio de la libertad individual. En este sentido, el concepto de atrapado es máximo, y a menudo determina la importación y el desencadenamiento de antiguos miedos (por supuesto latentes y, por tanto, no reconciliados), que conducen a estados ansiosos crecientes y muy difíciles de poder ser superados por uno mismo. Ante los demás, la inhibición, el encierro, la huida y, previamente, la evitación son las reacciones y conductas habituales de una persona que, además, no es ajena a lo que le pasa.

Lucia Masajia

Un equipo de profesionales de la salud a tu servicio