¿Qué es la psicosomática?

Es la reacción psicofísica que acompaña todas las emociones y se produce de forma automática, involuntaria e inconsciente.

Tenemos un cerebro que, por su carácter voluntario y consciente, se halla permanentemente enfrascado en procesos de análisis, decisión, previsión, de formulación de hipótesis, acumulación de experiencias, etc., de todo cuanto percibe; este cerebro desarrolla procesos cognitivos tan importantes como son la atención, la evocación, la inducción-deducción, la discriminación-generalización, etc., por citar tan sólo algunos de sus trabajos básicos. Es lo que denominamos cerebro cortical o, simplemente, córtex, esto es, una gran masa encefálica que decodifica lo que ve, oye, huele, saborea o toca, un cerebro racional que se expresa con palabras e imágenes y nos permite vivir cualificadamente más allá de la simple supervivencia.

Sin embargo, en la base de este cerebro existe otra región de la que, hace ya más de setenta años, fue desvelado el secreto de su función y que a lo largo del tiempo ha pasado a llamarse «paleocórtex», «sistema límbico», cerebro inconsciente, etc. Se trata de un aglomerado interconectado de pequeñas zonas que, en su conjunto, trabajan coordinadamente para conseguir una rápida y segura adaptación, tanto a acontecimientos externos como a percepciones internas que, con respecto a la ansiedad, entendemos como amenazas vitales, riesgos o peligros; de hecho, siempre se ha dicho que este sistema (mucho más rápido en ejecución que el consciente) ha ayudado a la especie humana a sobrevivir a lo largo de su historia. El papel adaptador del sistema límbico (por su magnitud reactiva y su urgencia temporal) es incuestionable, sobre todo si se comprende que mucho antes (milisegundos) de que nuestro cerebro consciente se dé cuenta de determinados hechos, el sistema interno no sólo ya los ha percibido sino que, al momento, ya ha decidido la respuesta más eficaz e idónea, una respuesta que se ofrece dentro del formato de lo que llamamos emociones: tristeza, alegría, vergüenza, asco, ira, miedo, sorpresa, ansiedad, etc. Así pues, la reacción ansiosa se circunscribe a una respuesta automática que permite una adaptación muy rápida a una situación vivida como peligrosa y de la que nos protegemos de inmediato, ya que se entiende que la propia supervivencia está comprometida. La reacción (límbica) no contempla ni imágenes ni palabras; es irracional, conservadora, inconsciente y automatizada, y por ello adquiere la forma de sensación (con el abanico psicosomático correspondiente); resulta verdaderamente difícil intervenir cognitivamente sobre la reacción ansiosa una vez disparada (para ello es mejor la farmacología o las técnicas conductistas, entre otras fórmulas), pero sí es posible hacerlo, y con eficacia, en la previa asociación psíquica de acontecimiento/peligro. Es decir, una vez disparada en el individuo las ayudas deben ser contundentes y poco o nada racionalizables.

La psicosomática, así, no es más que el envoltorio de reacciones que llevan asociadas las emociones: alteraciones respiratorias (taquipnea/hiperventilación), del latido cardíaco (taquicardia), del curso del pensamiento (taquipsiquia), del propio sistema nervioso (hipercinesis), del equilibrio (mareo y vértigo) y un largo etcétera, ya descrito con anterioridad. La ansiedad, como una emoción básica más, contempla también cuándo aparece su propio despliegue sintomatológico, es decir, su particular psicosomática, que está sujeta, no obstante, a las variabilidades del propio individuo, tanto en el conjunto de las reacciones que aparezcan como en su intensidad, duración, etc.

La psicosomática es una situación particular del organismo que, como se ha dicho, prepara a la persona para afrontar una determinada situación o un acontecimiento. Así pues, no es más que algo que viene referido a un problema, pero no el problema en sí.

Lucia Masajia

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