Uno de los peores miedos que existe es el «miedo al miedo», ¿qué es eso en realidad?

mujer en pleno ataque de panico

Es un despliegue ansioso que surge de un sentimiento de duda ante la posibilidad de perder el control. Muchas veces son las características de la propia situación las que provocan ansiedad.

En conjunto, una reacción fóbica, las propias crisis de pánico o incluso la ansiedad generalizada son estados que se viven con tanta dificultad y preocupación que, más allá del instante específico de alteración, producen un efecto negativo y duradero en la persona, e incluso influyen en su vida cotidiana, como si «ya nada fuera lo mismo», como si hubiera un peligro cuyo alcance se desconoce, que no avisa, que está siempre «al acecho» y que, por ello, aporta una inseguridad absoluta. De hecho, la verificación de que la respuesta ansiosa escapa al control voluntario y de que la agitación compromete de forma vital el equilibrio y la vida libre de la persona, constituyen un argumento contundente que determina de manera inmediata el deseo de que el problema no vuelva a aparecer.

La inseguridad y el temor de que realmente se vuelva a producir («sé que me va a venir otra vez»), además de la nula previsión acerca de posibles indicadores de crisis («pero no sé ni cuándo ni dónde»), es algo que genera en la persona la conocida sensación de «miedo al miedo» (fobofobia), es decir, un estado de hipervigilancia en el que se teme, de manera constante, la aparición de un nuevo episodio agitativo. Lo que sucede es que lo que nos pasó nos dio tanto miedo que hemos aprendido a comportarnos como si en todo momento pudiera sobrevenir un disparo ansioso, por lo que estamos constantemente comprobando indicios, y para ello siempre estamos haciéndonos preguntas, nos afiliamos a la duda existencial, nos autoevaluamos, nos sometemos a pruebas, nos «testamos», etc.

Si la ansiedad es especialmente dura, es decir, si ha tenido una gran intensidad o si se ha manifestado con frecuencia y, en conjunto, nos deja la sensación de un escaso o nulo control sobre ella (y también de indefensión y desamparo), se generan las situaciones conocidas como «miedo al miedo», es decir, la instalación involuntaria de un temor excesivo y constante a que pueda volver a venir el mal momento, que nos pille desprevenidos y, por ello, que tenga consecuencias «fatales» (aunque en realidad poco definidas). Con el miedo al miedo, la persona no hace en realidad otra cosa que protegerse, y en la práctica desarrolla la sensación de ejercer un cierto control situacional. Sin embargo, en numerosas ocasiones se consigue justo lo contrario al tiempo que esta actitud hipervigilante puede determinar con cierta facilidad nuevas crisis de ansiedad, con disparos incluso de gran intensidad. Con la fobofobia inscribimos la ansiedad en nuestra vida, y hacemos que forme parte consustancial de nosotros mismos.

El miedo al miedo da lugar, en numerosas ocasiones, a lo que denominamos una «ansiedad escénica», es decir, una situación agitada en la que no hace falta que el disparo ansioso «tenga concepto», sino que llega a surgir por la percepción de determinadas características del contexto. Por ejemplo, la incomodidad que pueda generar el lugar en que se encuentra una persona basta para que aparezca una alteración, como si en realidad la mente límbica se llegara a plantear de inmediato si «existen o no condiciones para sobrevivir».

Lucia Masajia

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