Texto para que un adulto relaje a otro adulto

Es posible practicar la relajación por uno mismo con total garantía de éxito, pero al principio resulta de considerable ayuda que otra persona (un amigo, un familiar, un instructor) vaya ayudándonos con su voz, que debe ser suave y relajante. Existen diferentes textos, pero propongo el que he utilizado habitualmente con mis alumnos a lo largo de tres décadas:

Vamos a proceder a la relajación. Sitúese cómodamente sobre la espalda y observe la máxima inmovilidad. Permanezca muy atento. Coloque la cabeza en el punto de mayor comodidad y respire pausadamente, a ser posible con el abdomen. Vaya siguiendo mi voz y concentrándose en las zonas del cuerpo que enumeraré para tratar de aflojarlas tanto como le sea posible. Sienta y afloje. Abandónese. Mantenga los párpados suavemente cerrados. No se distraiga. Sienta y afloje.

En primer lugar, concéntrese en los pies y en las piernas. Siéntalos. Vaya relajando todos los músculos de los pies y de las piernas. Se aflojan, están muy flojos, relajados; sueltos, muy sueltos, más y más relajados, más y más relajados, más y más relajados.

Ahora dirija la atención al estómago y al pecho. Concéntrese en ellos. Todos los músculos del estómago y del pecho se sumergen en un estado de laxitud y abandono, laxitud y abandono. Siéntalos más y más flojos, más y más flojos, profundamente relajados, profundamente relajados.

A medida que los músculos del estómago y del pecho se aflojan, lo hacen también los de la espalda, los brazos y los hombros. Todos los músculos de la espalda, los brazos y los hombros se aflojan más y más, más y más, profundamente. Flojos, completamente flojos, relajados; sueltos, completamente sueltos, más y más abandonados.

Concéntrese en el cuello. Los músculos del cuello, blandos, suaves, sin tensión, sin rigidez; blandos, suaves, sin tensión, sin rigidez.

 

La mandíbula, ligeramente caída, floja y suelta, abandonada; floja y suelta, abandonada. Los labios, fláccidos. Las mejillas, blandas. Los párpados, relajados, profundamente relajados, al igual que la frente y el entrecejo.

 

Todos los músculos del cuerpo se aflojan más y más, profundamente; más y más, profundamente. La respiración, lenta, pausada, uniforme y reparadora; lenta, pausada, uniforme y reparadora. Y todos los músculos del cuerpo se van sumiendo en un estado de profunda relajación, profunda relajación. Todos los músculos están flojos, muy flojos, relajados; sueltos, muy sueltos, abandonados. Y cada día, la relajación irá siendo más y más profunda, más y más profunda, más y más reparadora. Profunda relajación, bienestar, tranquilidad y descanso. Todos los músculos del cuerpo son invadidos por un estado de profunda relajación.

 

Después se guardan dos o tres minutos de silencio, y a continuación se dice:

«Ahora va a salir de la relajación. Para ello, respire varias veces a pleno pulmón y mueva lentamente las distintas zonas del cuerpo: los pies y manos, las piernas y brazos, la cabeza…».

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