¿La anticipación es típica de la ansiedad?

Rotundamente sí. Nuestra mente no sólo nos alerta del momento de amenaza real, sino también de la posibilidad de que ésta aparezca.

La anticipación es una característica propia de los procesos ansiosos; «el peligro» no sólo se espera (cuando es algo concreto), sino que se comienza a percibir mucho antes en la «imaginación»; es decir, uno no sólo se atemoriza del momento de la agitación en sí, esto es, de la vivencia de una amenaza, sino que puede tender a prever su existencia. Por ejemplo, una persona que siente fobia hacia los aviones y que debe tomar uno, no sólo puede disparar su ansiedad cuando se encuentre dentro de él, sino que, seguramente, la anticipa días antes. Lo mismo puede pasar en exámenes, en una entrevista de trabajo, en el peluquero, en el dentista, en una cita, etc. En todos estos casos, podríamos decir que no sólo tenemos un foco ansioso, sino que con la anticipación nos lo representamos previamente y generamos verdaderos despliegues ansiosos de miedo al miedo.

La anticipación siempre tiene que ver con el tipo de situación en la que, con toda seguridad, tendrá lugar el momento ansioso; así, cuanto más duro e ingrato se prevea, más intensa será la anticipación; sucederá lo contrario ante los momentos previstos como «ligeros». Las anticipaciones ansiosas guardan una relación directa con el hecho que previenen, y esto es algo que hemos podido comprobar en muchas ocasiones. Por otra parte, también es cierto que la ansiedad en las anticipaciones tiene una manifestación aparatosa, a veces mucho más importante que la propia situación en sí; en el ejemplo del miedo a volar que antes hemos comentado, se puede afirmar que, por lo general, la anticipación ansiosa previa a tomar el avión es mucho más dolorosa de la que tiene lugar dentro del aparato. Todo ello se debe a que dicha anticipación ocupa espacios virtuales de nuestra producción mental, es decir, espacios en los que la imaginación se encuentra absolutamente desbordada y por ello queda «permitida» la aparición de todos los posibles «fantasmas» que pueda tener ese momento y que, evidentemente, son de tipo catastrofista, mientras que la realidad que se ha ido anticipando sólo muestra lo que existe, es decir, lo que estrictamente se vivirá, sin añadidos fantasiosos.

En este sentido, la anticipación es un buen termómetro indicador de la «gravedad» del momento ansioso que ha de venir, y queda claro que cuanto más duros son los síntomas anticipados, más comprometida es la situación que los provoca. Cuando un instante ansioso en particular no ha tenido anticipación, o ésta ha sido muy baja, deberíamos hablar o bien de una ansiedad concreta e imprevista, o de una situación ansiosa poco reactiva por ser ya muy conocida.

Las anticipaciones ansiosas pueden utilizarse en el ámbito de la psicoterapia como auténticos indicadores para valorar los estados personales ante los disparos conocidos, puesto que nos hablan de la representación de peligros que la persona se crea y de la atenuación o propagación de los estados de agitación. También tienen un enorme poder como instrumento de trabajo en la psicoterapia, pues permiten trabajar en el plano de la imaginación las posibles neutralizaciones, muchas veces con el mismo efecto que si se tratara de una exposición real. También se puede comprobar que la reducción de las anticipaciones, localizadas en situaciones concretas, son a su vez reducciones del «momento de peligro» verdaderamente agitativo, por lo que el afrontamiento virtual, siempre y cuando se entrene en el plano emocional, influye en la realidad posterior de manera muy favorable.

Lucia Masajia

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