Si tengo ansiedad por algo en particular (coche, vivienda, viajes, sueldo, etc.) y lo soluciono, ¿se me irá?

Difícilmente, pues la ansiedad va más allá de los objetivos que queremos conseguir. Siempre nos habla de miedos vitales.

Toda persona tiene sus deseos, sus metas, los objetivos que considera importantes o aquello por lo que decide luchar, pero éstos, ni mucho menos, son siempre trascendentes en el sentido vital del término, es decir, la vida no se halla en juego por mucho que nos interese algo. El problema ansioso se genera al pensar «que no se podrá sobrevivir» o que la existencia cambiará, y se empobrecerá, si no conseguimos lo que nos hemos propuesto. Desde un punto de vista conceptual, tenemos aquí una trampa fundamental en el sentido de que hay determinados hechos externos que se convierten en referencias esenciales para vivir, a pesar de que, en el fondo, todo ello se encuentre priorizado a nivel social. Así pues, cuando la persona se implica vital y equivocadamente (jerarquizando lo que no pertenece al esquema existencial como si lo fuera) en objetivos o metas superficiales, exagerando su categoría, cuando nos hallamos sometidos inalienablemente a su obtención y a su consecución nos introducimos en la trampa ansiosa.

Sin embargo, una vez que la ansiedad se ha manifestado, deja a la persona «dispuesta» para fabricarla otra vez; es decir, con ella no sólo padecemos el momento agitado propio de la ansiedad, sino que dejamos una huella emocional, muchas veces imborrable, que facilitará el resurgimiento de otro sistema de hiperprotecciones correspondiente a una nueva visión sobredimensionada de nuevos hechos que vivamos. En el caso de que finalmente consigamos nuestro propósito (coche, piso, viajes, sueldo, etc.), si ha existido un disparo ansioso en el proceso, éste podrá volver a plantearse ante otra meta o ante otro reto. No podemos olvidar que la ansiedad cambia de forma, pero también se propaga con facilidad a muchas otras situaciones si se constata una jerarquización análoga.

Somos seres sociales y, por tanto, obtenemos un patrón referencial que seguir y también nos disponemos a cubrir objetivos convencionales; sin embargo, en el fondo también se da, paralelamente, una especie de percepción de evaluación en el sentido de entender que el progreso tiene también relevancia social. Suspender socialmente es no conseguir lo que se desea, es decir, no obtener la traducción individual del planteamiento convivencial genérico.

Sin embargo, para responder a la pregunta planteada, y a través de la propia experiencia del trabajo psicoterapéutico, es preciso subrayar que la ansiedad asociada a objetivos importantes se traslada automáticamente a otros que no lo son, por lo que se puede asegurar que las alertas ansiosas se propagan y van más allá de los retos y consecuciones obtenidos, lo que hace pensar que, en el fondo, pesa más la protección ansiosa que la propia obtención de lo que se desea.

Lucia Masajia

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